jueves, 18 de noviembre de 2010

Tutoriales sobre digitalización

Ilustración sobre la digitalización de libros
La digitalización documental es un tema "de plena actualidad" en nuestra profesión. A los grandes proyectos de digitalización masiva como Google Books o Europeana, hay que unir miles de proyectos a pequeña escala llevados a cabo por bibliotecas, archivos y centros de documentación. Y pese a que la crisis y los subsiguientes recortes han paralizado (por no decir acabado) por el momento con muchos de ellos, sigue siendo un aspecto que todas las bibliotecas tendrán que abordar tarde o temprano.

Ya existen varias empresas en España especializadas o que ofrecen este servicio, pero habrá casos en que contratar externamente un trabajo de este tipo quizás sea excesivo, pudiéndolo solucionar nosotros mismos con un escaner medianamente decente (más adelante dedicaremos una entrada al tema) y nuestra propia mano de obra. Llegado ese punto será recomendable que sepamos bien qué estamos haciendo para que no termine resultando todo en una pérdida de tiempo y dinero, y una buena opción para familiarizarnos con la digitalización son estos tutoriales gratuitos:

Llevando la teoría a la práctica. Tutorial de digitalización de imágenes, de la Biblioteca de la Universidad de Cornell.
Excelente tutorial con versión en castellano. De una forma comprensible y bastante sencilla pero a la vez con un gran rigor técnico aborda todos los aspectos y fases a tener en cuenta en un proyecto de digitalización. Por cursos on-line bastante peores se están cobrando cientos de euros, así que hay que aprovecharlo.

Digitalización de documentos: aplicación a bibliotecas y centros de documentación, de SEDIC.
Una de las unidades de autoformación gratuitas (subvencionadas por el Ministerio) disponibles en el sitio web de SEDIC. Aunque no alcanza el nivel de la anterior es también un recurso muy interesante para un bibliotecario, sobre todo por su mayor interactividad didáctica (preguntas y ejercicios autocorrectivos). Requiere registro previo.

Digitalización y bibliotecas digitales, de IMARK
El IMARK es una iniciativa de la FAO que engloba una serie de recursos de e-learning sobre gestión de información agraria. Entre ellos podemos encontrar este tutorial, perfectamente aplicable a otros tipos de documentación. Requiere registro previo.

Recordad que no sólo os pueden servir para aplicarlos por vosotros mismos. Si vais a externalizar el trabajo también os serán útiles: tener claros conceptos como resolución, formato, etc. puede hacernos entender mejor qué necesitamos contratar y qué nos están ofreciendo.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Una visita a The Rock 'n' Roll Public Library (la Biblioteca Pública del Rock 'n' Roll)

En julio de 2009, durante unos días de vacaciones en Londres, tuve la ocasión de visitar la Rock 'n' Roll Public Library de Mick Jones, una mezcla de exposición, biblioteca y archivo personal del que fue guitarra de The Clash, una de las bandas más influyentes en la historia del punk y el rock en general.

La biblioteca estaba instalada en la primera planta de un pequeño edificio, con aspecto de academia de barrio, justo encima del bullicioso mercado de Portobello Road y debajo del puente de la autovía, en la zona que los vio nacer como grupo. Durante un mes abrió sus puertas al público, atendida por ocho bibliotecarios voluntarios. Ese mismo año había estado ya abierta durante otro mes en una galería de arte, y con posterioridad lo ha estado, en versiones más o menos reducidas, en diferentes festivales de arte como el Norfolk and Norwich o el Vintage at Goodwood.

Pared con revistas disponibles en la Rock 'n' Roll Public Library

Como ya he dicho, no era exactamente una biblioteca, ni tampoco una exposición de objetos relacionados con los Clash. Era una mixtura de ambas cosas. Los fondos consistían en una colección de revistas musicales, cómics, libros, vídeos, vestuario, objetos personales, juguetes, guitarras, cachivaches y (por supuesto) discos acumulados por Mick Jones en el transcurso de su vida (unos 10.000 objetos). Todo ello en libre acceso, al alcance de la mano (literalmente) del usuario curioso o el mitómano empedernido. Por supuesto, el material no podía sacarse en préstamo, pero sí consultarse tranquilamente en la sala, o visionar los vídeos a gusto en la habitación de al lado o, si hablamos de objetos, toquetearlos a tu gusto. Además, podías llevarte tu propio pendrive y escanear, con la ayuda del bibliotecario, el material que te interesase. Esto se completaba con el despacho de Mick Jones, trasladado allí, en el cual podías incluso meterte en su ordenador y ver qué programas tenía instalados (o tal vez no podías, pero uno es muy curioso, ejem) y también con un mini-estudio de grabación o local de ensayo, en el que un grupo del barrio estaba esa tarde tocando y haciendo pruebas con lo que parecía una mesa de mezclas.
Flyer anunciando la biblioteca

Lo más asombroso es que en ningún momento vi un arco magnético ni otras medidas antihurto, y los bibliotecarios, cuando no estaban atendiendo a alguien, parecían más ocupados en bailar (sí, había rock 'n' roll puesto de fondo, por supuesto) que en vigilar que nadie se largase con un souvenir. De vuelta en España, al contar esto mismo, un amigo recibió como respuesta un asombrado "¿Y no te llevaste nada?", cosa que me hace pensar que, o somos muy diferentes de los ingleses o The Rock 'n' Roll Public Library se abre ahora en versión reducida porque cada vez quedan menos cosas.

En resumen, una experiencia diferente y un proyecto muy interesante, que permitía al aficionado a la música acceder gratuitamente a unos materiales que, en la mayoría de los casos, se hallan exclusivamente al alcance de los coleccionistas, debido a su antigüedad, a su carácter efímero o a su condición de productos de la "baja cultura", menospreciados durante mucho tiempo por las bibliotecas y organismos oficiales a la hora de su conservación.

jueves, 4 de noviembre de 2010

El mal uso de la jerga bibliotecaria

La de bibliotecario, como casi cualquier otra profesión, tiene su propia jerga. Esto en sí mismo no es malo: la jerga bibliotecaria es producto de la experiencia, y por tanto una ayuda a la hora de trabajar ya que sintetiza conceptos o elimina ambigüedades; además favorece la cohesión entre bibliotecarios, reforzando la idea de pertenencia a un grupo profesional bien diferenciado e identificable.

El problema es que a nosotros, como a los médicos o a los mecánicos, se nos olvida a veces que nuestro usuario no tiene por qué conocerla. Por eso a veces acabas escuchando diálogos como éste (verídico):

Usuario.- Perdona, para buscar este libro ¿cómo lo hago?
Bibliotecario.- Sí, a la entrada tienes los OPACs. Sólo tienes que poner el campo que quieres buscar y te apuntas la signatura. Luego vas a la sala donde esté y buscas en los tejuelos de los libros el número de signatura.
Usuario.- Eh, bueno... he estado en la entrada, pero sólo he probado a buscar en los ordenadores, porque los "packs" no los he visto. Y la "asignatura" supongo que será Literatura, porque es una novela...

Ilustración sobre jerga bibliotecaria

Obviamente, los tiempos van cambiando y los nuevos usuarios se familiarizan con el uso de las bibliotecas desde el colegio... o eso nos creemos (os invito a ver el estudio sobre bibliotecas escolares que hizo la FGSR). También conocen muchos de los términos informáticos que se usan actualmente en biblioteconomía. Además, a través de la literatura científica y la formación académica se ha insistido desde hace años en la importancia de este tema (como ejemplo, este artículo en College & Research Libraries, de 2004), sobre todo a la hora de evaluar o diseñar interfaces de OPACs o sitios web de bibliotecas, con lo que algo deberíamos haber mejorado.

Y sin embargo, el problema persiste. Por un lado sigue habiendo usuarios cuyo contacto con las bibliotecas y su funcionamiento es más bien esporádico; por otro, la incorporación de las tecnologías de la web al mundo de la biblioteca y la necesaria evolución del perfil del bibliotecario han propiciado que adoptemos una nueva jerga, más tecnológica y que no está restringida a nuestro ámbito profesional, pero no por ello menos desconocida para muchos de nuestros usuarios.

Como solución, algunos elaboran vocabularios "Bibliotecario-Usuario", como en este ejemplo de la Boise State University, o en este otro de la biblioteca de la York University. Pero la verdadera solución pasa por adaptar el mensaje al interlocutor, en este caso a nuestros usuarios, evitando la tentación de caer en un "chamanismo" que justifique, mediante el uso de un "lenguaje para iniciados", que nuestro trabajo es complicado y arcano.

P.S. En el blog A librarian's guide to etiquette nos ofrecen, desde el punto de vista contrario, una visión irónica e hilarante sobre la eliminación de la jerga bibliotecaria. Y es que los extremos nunca son buenos...