martes, 30 de noviembre de 2010

Uso de líneas de tiempo en webs de bibliotecas

El uso de líneas de tiempo (o timelines) en el sitio web de una biblioteca es relativamente infrecuente en España (al menos yo no conozco casos), pero su utilización, especialmente como complemento de la sección local, puede ser muy interesante. En esta entrada vamos a ver algunos ejemplos de aplicación y cómo podemos crearlas.

¿Qué es una línea de tiempo?

Una línea de tiempo (o timeline) es un gráfico usado para representar información cronológica de forma sintetizada, usualmente mediante una barra horizontal que representa el tiempo transcurrido y una serie de puntos o hitos insertados en ella, que serían los eventos o acontecimientos destacados ocurridos en momentos de ese período. También podemos encontrarlas con un aspecto menos gráfico, como un listado vertical de fechas que van acompañadas por el evento sucedido en cada una.
Pese a su sencillez proporcionan una visión de conjunto difícil de lograr mediante la simple enumeración de fechas y eventos en un texto, por lo que son muy utilizadas en libros de enseñanza, enciclopedias o revistas de divulgación.

Uso en webs de bibliotecas

Su uso, obviamente, estará relacionado con información que siga una secuencia cronológica, pudiendo enlazar desde la línea de tiempo a los documentos relacionados que tengamos en nuestra biblioteca. Como ejemplo, podríamos aplicarlas a:
  • Biografías de autores. Si creamos un dossier sobre un autor (porque ha sido premiado, porque es el autor del mes en nuestro de club de lectura, etc.) el incorporar una línea de tiempo con sus obras y los hechos más relevantes de su vida puede ser una información añadida amena y atractiva visualmente. Mejor aún si se trata de autores locales de los cuales, en muchas ocasiones, habrá poca información colgada en internet.
  • Obras publicadas en la localidad. En el caso de localidades pequeñas podemos recrear visualmente la evolución de las publicaciones autóctonas del tipo que sean: libros, discos, revistas... o bien la cronología de premios culturales locales.
  • Historia de la propia biblioteca. Normalmente los sitios web de las bibliotecas incluyen siempre este apartado. Si la biblioteca es lo suficientemente antigua podríamos incorporar una línea de tiempo con los acontecimientos más destacados de su historia, como hacen en la Biblioteca Pública de Jacksonville.
  • Historia de la localidad. Un ejemplo de esto sería el timeline de la Biblioteca Pública de Chicago. Otra opción es aplicarlo a aspectos concretos de ésta que queramos destacar en relación a nuestros fondos. [Actualización: Otro ejemplo, en este caso de la British Library, es la historia de la humanidad en líneas de tiempo. Gracias a Jandrop por el enlace].

Creación de líneas de tiempo

Actualmente podemos crear fácilmente líneas de tiempo para incluirlas en nuestra web. Las ventajas de éstas respecto a su formato tradicional (gráficos en papel) son, entre otras, su interactividad, la posibilidad de incluir elementos multimedia o la capacidad de abarcar grandes periodos en poco espacio (mediante elementos desplegables).
Para hacerlas disponemos de diferentes herramientas gratuitas:
  • Timeline Creator: Programa desarrollado y mantenido por la Johns Hopkins University. Es el único de los listados aquí que no funciona en línea, por lo que habrá que instalarlo en nuestro equipo.
  • Simile-Timeline: Uno de los widgets que forman el proyecto Simile. Se puede descargar en Google Code.
  • Xtimeline: Permite crear líneas de tiempo que se guardan en su web, para enlazarlas o insertarlas después en nuestra página (al estilo de Youtube).
  • Timetoast: Utiliza el mismo sistema que Xtimeline, aunque su aspecto es más sencillo y limpio.
  • Dipity: Personalmente es la aplicación que más me gusta. Funciona igual que los dos anteriores, pero sus controles son más fáciles de usar y permite incluir elementos multimedia como vídeos.
Y como despedida, un ejemplo de línea del tiempo sobre libros y tipografía hecha con Dipity:
(Creado por http://www.deverlorentijd.blogspot.com/)

    
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jueves, 25 de noviembre de 2010

Neutralidad de la red

En los últimos días se está viviendo en España un acalorado debate sobre la necesidad de asegurar la neutralidad de la red. En esta entrada intentaré resumir brevemente cuál es la situación y cómo nos puede afectar a los bibliotecarios y a las bibliotecas.

¿Qué es la neutralidad de la red?

Hasta hace poco tiempo el concepto de neutralidad de la red nos sonaba a chino a muchos de nosotros porque, como la buena tipografía, es algo que "está" y cumple su función, pero sin hacerse notar.
Básicamente, la neutralidad de la red significa que el tráfico generado en internet es tratado de forma neutral y equitativa, sin primar unos contenidos, sitios o dispositivos por encima de otros.
Por poner un ejemplo: si yo me conecto con mi portátil para ver mi correo y mi vecino para realizar una operación bancaria, nuestras peticiones serán tratadas en la red de igual forma, sin que ninguno de los dos tenga preferencia sobre el otro (ojo, no hay que confundir esto con el ancho de banda contratado, que sería otra cosa distinta). Si queremos una metáfora más visual sería como una cola de cafetería, en la que quien llega antes pide primero y nadie puede colarse, independientemente de si quiere un menú o un café.

Situación actual

Ahora bien,  esta regla, una de las fundamentales que han regido internet desde sus inicios, es puesta en tela de juicio (y a veces incumplida) por parte de algunas compañías de telecomunicaciones y analistas, que sostienen que la priorización de la transmisión de datos en función de los contenidos o de las partes que establecen la comunicación contribuiría a la mejora de la propia red, pudiendo implantar nuevos y mejores servicios, así como evitar algunos de los males de la actual internet (spam, piratería, contenidos basura, etc.). La moraleja sería: "la neutralidad de la red nos impide crecer".

¿Dónde está el problema entonces? ¿Mejores servicios y calidad? Eso es bueno, ¿no? Sí, es bueno... si puedes pagarlo, ya que, por supuesto, esa priorización se aplicaría a los que pudiesen pagar por ella (en principio no se trata de que pague el usuario, sino los portales de contenidos, aplicaciones en línea, etc.). Al mismo tiempo, esta medida puede conllevar otros efectos no tan "deseables":
  • Estaríamos abriendo la puerta a que las empresas de telecomunicaciones pudiesen decidir qué contenidos son dignos de priorizarse y cuáles no, o lo que es lo mismo, a la censura.
  • Se podrían crear pseudo-monopolios formados por grandes proveedores de contenido asociados con proveedores de acceso, que podrían ahogar fácilmente cualquier tipo de competencia empresarial que se les plantease en internet.
  • Acabaría existiendo una internet "de primera" (para los que pudiesen pagar más) y otra "de segunda".
En este vídeo de ADNStream podemos ver de forma más gráfica lo expuesto anteriormente:


Ante esta situación la postura de los gobiernos se está revelando (como en casi todo lo relacionado con la web) algo ambigua. En España parece que el Gobierno es partidario de romper la neutralidad de la red, tal vez por la presión de los lobbys de las telecomunicaciones, con Telefónica a la cabeza. Mientras, en el Senado se ha presentado en los últimos días una moción a favor de que el Estado se comprometa a mantenerla en España, moción que no ha sido aprobada y que está generando agrias discusiones en blogs como el de Enrique Dans, y se prevé otra moción similar proveniente de los partidos que han votado en contra (una forma como otra de marear la perdiz por parte de nuestros políticos, lo cual hace dudar de que realmente quieran hacer algo).
Por su parte, la Unión Europea anuncia que pronto se hará público un informe con las conclusiones del debate que ha llevado a cabo sobre este tema en los últimos meses.

Consecuencias para las bibliotecas

Como conclusión se podría pensar que, como bibliotecas, la pérdida de la neutralidad de la red no nos afecta especialmente, pero en mi opinión hay diversas razones para tenerla en cuenta:
  • Como organismo que tiene por objetivo facilitar y proporcionar acceso a la cultura deberíamos tener la obligación ética de oponernos a cualquier tipo de censura, sea del tipo que sea.
  • Los presupuestos de las bibliotecas suelen ser más que escasos. Si el futuro a largo plazo de éstas pasa por internet (como mediadores en el acceso a la información y creadores de información con valor añadido) siempre estaremos en inferioridad de condiciones frente a nuestra potencial competencia (Google Books, por ejemplo).
  • En los casos en que la biblioteca no sea directamente un productor de contenidos le afectará también a la hora de poder acceder a éstos, favoreciendo que tengamos que elegir unos recursos en detrimento de otros por factores ajenos a su calidad intrínseca.
  • Por último, y a un nivel más general, la falta de neutralidad en la red provocaría un fuerte avance hacia la total conversión de internet en un medio controlado por las empresas y enfocado exclusivamente al comercio, lo cual tal vez beneficiase a la "industria de la cultura", pero no a la difusión de la propia cultura.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Tutoriales sobre digitalización

Ilustración sobre la digitalización de libros
La digitalización documental es un tema "de plena actualidad" en nuestra profesión. A los grandes proyectos de digitalización masiva como Google Books o Europeana, hay que unir miles de proyectos a pequeña escala llevados a cabo por bibliotecas, archivos y centros de documentación. Y pese a que la crisis y los subsiguientes recortes han paralizado (por no decir acabado) por el momento con muchos de ellos, sigue siendo un aspecto que todas las bibliotecas tendrán que abordar tarde o temprano.

Ya existen varias empresas en España especializadas o que ofrecen este servicio, pero habrá casos en que contratar externamente un trabajo de este tipo quizás sea excesivo, pudiéndolo solucionar nosotros mismos con un escaner medianamente decente (más adelante dedicaremos una entrada al tema) y nuestra propia mano de obra. Llegado ese punto será recomendable que sepamos bien qué estamos haciendo para que no termine resultando todo en una pérdida de tiempo y dinero, y una buena opción para familiarizarnos con la digitalización son estos tutoriales gratuitos:

Llevando la teoría a la práctica. Tutorial de digitalización de imágenes, de la Biblioteca de la Universidad de Cornell.
Excelente tutorial con versión en castellano. De una forma comprensible y bastante sencilla pero a la vez con un gran rigor técnico aborda todos los aspectos y fases a tener en cuenta en un proyecto de digitalización. Por cursos on-line bastante peores se están cobrando cientos de euros, así que hay que aprovecharlo.

Digitalización de documentos: aplicación a bibliotecas y centros de documentación, de SEDIC.
Una de las unidades de autoformación gratuitas (subvencionadas por el Ministerio) disponibles en el sitio web de SEDIC. Aunque no alcanza el nivel de la anterior es también un recurso muy interesante para un bibliotecario, sobre todo por su mayor interactividad didáctica (preguntas y ejercicios autocorrectivos). Requiere registro previo.

Digitalización y bibliotecas digitales, de IMARK
El IMARK es una iniciativa de la FAO que engloba una serie de recursos de e-learning sobre gestión de información agraria. Entre ellos podemos encontrar este tutorial, perfectamente aplicable a otros tipos de documentación. Requiere registro previo.

Recordad que no sólo os pueden servir para aplicarlos por vosotros mismos. Si vais a externalizar el trabajo también os serán útiles: tener claros conceptos como resolución, formato, etc. puede hacernos entender mejor qué necesitamos contratar y qué nos están ofreciendo.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Una visita a The Rock 'n' Roll Public Library (la Biblioteca Pública del Rock 'n' Roll)

En julio de 2009, durante unos días de vacaciones en Londres, tuve la ocasión de visitar la Rock 'n' Roll Public Library de Mick Jones, una mezcla de exposición, biblioteca y archivo personal del que fue guitarra de The Clash, una de las bandas más influyentes en la historia del punk y el rock en general.

La biblioteca estaba instalada en la primera planta de un pequeño edificio, con aspecto de academia de barrio, justo encima del bullicioso mercado de Portobello Road y debajo del puente de la autovía, en la zona que los vio nacer como grupo. Durante un mes abrió sus puertas al público, atendida por ocho bibliotecarios voluntarios. Ese mismo año había estado ya abierta durante otro mes en una galería de arte, y con posterioridad lo ha estado, en versiones más o menos reducidas, en diferentes festivales de arte como el Norfolk and Norwich o el Vintage at Goodwood.

Pared con revistas disponibles en la Rock 'n' Roll Public Library

Como ya he dicho, no era exactamente una biblioteca, ni tampoco una exposición de objetos relacionados con los Clash. Era una mixtura de ambas cosas. Los fondos consistían en una colección de revistas musicales, cómics, libros, vídeos, vestuario, objetos personales, juguetes, guitarras, cachivaches y (por supuesto) discos acumulados por Mick Jones en el transcurso de su vida (unos 10.000 objetos). Todo ello en libre acceso, al alcance de la mano (literalmente) del usuario curioso o el mitómano empedernido. Por supuesto, el material no podía sacarse en préstamo, pero sí consultarse tranquilamente en la sala, o visionar los vídeos a gusto en la habitación de al lado o, si hablamos de objetos, toquetearlos a tu gusto. Además, podías llevarte tu propio pendrive y escanear, con la ayuda del bibliotecario, el material que te interesase. Esto se completaba con el despacho de Mick Jones, trasladado allí, en el cual podías incluso meterte en su ordenador y ver qué programas tenía instalados (o tal vez no podías, pero uno es muy curioso, ejem) y también con un mini-estudio de grabación o local de ensayo, en el que un grupo del barrio estaba esa tarde tocando y haciendo pruebas con lo que parecía una mesa de mezclas.
Flyer anunciando la biblioteca

Lo más asombroso es que en ningún momento vi un arco magnético ni otras medidas antihurto, y los bibliotecarios, cuando no estaban atendiendo a alguien, parecían más ocupados en bailar (sí, había rock 'n' roll puesto de fondo, por supuesto) que en vigilar que nadie se largase con un souvenir. De vuelta en España, al contar esto mismo, un amigo recibió como respuesta un asombrado "¿Y no te llevaste nada?", cosa que me hace pensar que, o somos muy diferentes de los ingleses o The Rock 'n' Roll Public Library se abre ahora en versión reducida porque cada vez quedan menos cosas.

En resumen, una experiencia diferente y un proyecto muy interesante, que permitía al aficionado a la música acceder gratuitamente a unos materiales que, en la mayoría de los casos, se hallan exclusivamente al alcance de los coleccionistas, debido a su antigüedad, a su carácter efímero o a su condición de productos de la "baja cultura", menospreciados durante mucho tiempo por las bibliotecas y organismos oficiales a la hora de su conservación.

jueves, 4 de noviembre de 2010

El mal uso de la jerga bibliotecaria

La de bibliotecario, como casi cualquier otra profesión, tiene su propia jerga. Esto en sí mismo no es malo: la jerga bibliotecaria es producto de la experiencia, y por tanto una ayuda a la hora de trabajar ya que sintetiza conceptos o elimina ambigüedades; además favorece la cohesión entre bibliotecarios, reforzando la idea de pertenencia a un grupo profesional bien diferenciado e identificable.

El problema es que a nosotros, como a los médicos o a los mecánicos, se nos olvida a veces que nuestro usuario no tiene por qué conocerla. Por eso a veces acabas escuchando diálogos como éste (verídico):

Usuario.- Perdona, para buscar este libro ¿cómo lo hago?
Bibliotecario.- Sí, a la entrada tienes los OPACs. Sólo tienes que poner el campo que quieres buscar y te apuntas la signatura. Luego vas a la sala donde esté y buscas en los tejuelos de los libros el número de signatura.
Usuario.- Eh, bueno... he estado en la entrada, pero sólo he probado a buscar en los ordenadores, porque los "packs" no los he visto. Y la "asignatura" supongo que será Literatura, porque es una novela...

Ilustración sobre jerga bibliotecaria

Obviamente, los tiempos van cambiando y los nuevos usuarios se familiarizan con el uso de las bibliotecas desde el colegio... o eso nos creemos (os invito a ver el estudio sobre bibliotecas escolares que hizo la FGSR). También conocen muchos de los términos informáticos que se usan actualmente en biblioteconomía. Además, a través de la literatura científica y la formación académica se ha insistido desde hace años en la importancia de este tema (como ejemplo, este artículo en College & Research Libraries, de 2004), sobre todo a la hora de evaluar o diseñar interfaces de OPACs o sitios web de bibliotecas, con lo que algo deberíamos haber mejorado.

Y sin embargo, el problema persiste. Por un lado sigue habiendo usuarios cuyo contacto con las bibliotecas y su funcionamiento es más bien esporádico; por otro, la incorporación de las tecnologías de la web al mundo de la biblioteca y la necesaria evolución del perfil del bibliotecario han propiciado que adoptemos una nueva jerga, más tecnológica y que no está restringida a nuestro ámbito profesional, pero no por ello menos desconocida para muchos de nuestros usuarios.

Como solución, algunos elaboran vocabularios "Bibliotecario-Usuario", como en este ejemplo de la Boise State University, o en este otro de la biblioteca de la York University. Pero la verdadera solución pasa por adaptar el mensaje al interlocutor, en este caso a nuestros usuarios, evitando la tentación de caer en un "chamanismo" que justifique, mediante el uso de un "lenguaje para iniciados", que nuestro trabajo es complicado y arcano.

P.S. En el blog A librarian's guide to etiquette nos ofrecen, desde el punto de vista contrario, una visión irónica e hilarante sobre la eliminación de la jerga bibliotecaria. Y es que los extremos nunca son buenos...